Aquí el tercer ojo late

Aquí el tercer ojo late

La Función social del arte por J.R.Barbancho

|

A principios del S. XXI (como continuación de los principios del siglo XX y sus vanguardias) el arte se ha convertido para muchos en un fraude, en algo elitista, pocos lo entienden, y para algunos ni siquiera existe; quizá estemos asistiendo a la desaparición del arte (al cumplimiento de la predicción hegeliana de su muerte). Si esto fuera así no sería causado por la falta de experimentación y de investigación en el plano estético, ni por la falta de necesidad que los hombres y los pueblos tengan de éste, sino por la falta de compromiso político (entendido este en sentido amplio) y por el abandono de los vínculos con el sentido, o los sentidos, más profundos que toda sociedad tiene.

El arte es una forma de expresión que cambia con el tiempo y con la historia a la que pertenece y representa, cambia la forma de expresión, pero no el interés por articular discursos sobre asuntos comunes y universales. Para Ernst Fischer, cuyo libro sobre el tema se titula precisamente “La necesidad del arte”, éste jamás desaparecerá ni perderá su relación con la humanidad. El hombre, para rebasar los límites que le impone su individualidad, para convertir a ésta en social, tiene que apropiarse de otras experiencias, y el arte resulta, en este sentido, totalmente indispensable. El arte es un poderoso llamamiento a la acción, en tanto que ilustra diversas y potenciales formas para cambiar el mundo. Creo que, además, es un poderoso vínculo entre el individuo y la sociedad, especialmente en la medida que dicho arte consiga el consenso.
Es cierto que el arte cambia de función al cambiar la sociedad, o tal vez más que de función de objetivo. Todo arte está condicionado por el tiempo y representa la humanidad en la medida en que corresponde a las ideas y aspiraciones, a las necesidades y esperanzas de una situación histórica particular.

En sus orígenes estuvo ligado a la magia, como forma de vincular a los individuos de la tribu, al tiempo que ésta se vinculaba con el cosmos. Los primeros artistas eran los chamanes. Hoy por hoy su función no consiste en hacer magia sino en ilustrar y estimular la acción. En los principios de la humanidad el arte tenía muy poco que ver con la belleza y nada en absoluto con el deseo estético, era un instrumento mágico y un arma del colectivo en la lucha por la supervivencia: una forma de vinculación emocional, rebosante de sentido social y cósmico. Ahí radicaba su importancia y su naturaleza conmovedora para toda la colectividad. La necesidad de creación de un mundo superpuesto a la misma naturaleza, pero en conformidad con ella, es el origen de la necesidad humana de expresarse artísticamente.
En el presente, para poder dar una valoración al arte actual, tenemos que ser conscientes del mundo en el que vivimos. Un mundo en crisis en distintos planos, sin valores estables, es decir: un mundo en el que la realidad, pese al incremento tecnológico, se des-optimiza socialmente cada vez más. 

El capitalismo ha mercantilizado la obra de arte, ha aislado al arte y al artista de la comunidad, y ha impedido el cumplimiento de su función social, esto es: el cumplimiento de la optimización humana y social de ésta, como su valor más grande y genuino. El arte se ha convertido en una actividad separada de la vida pública; su desaparición implica la desaparición de las causas que determinaron su necesidad para el hombre (el vínculo entre ellos y el vínculo con el cosmos), y puede significar la incautación humana de la Naturaleza. Desde finales de la Prehistoria y comienzo de la Historia la cultura hegemónica fue siempre la cultura de las clases dominantes, que se han ido apropiando de la creación colectiva (imponiéndole su particular concepción del hombre y del mundo), aplastando todo lo que cuestionara su dominio de clase, dándole un carácter alienante. 

Pero el arte tiene que ser un estilo de vida y acción y hay que negarlo como una actividad específica, especializada, exterior al hombre y a su vida cotidiana. El capitalismo ha hecho que el arte pierda el carácter público que tenía en otras épocas, y le ha transformado en mercancía de consumo individual, donde el valor del cambio es más importante que su valor estético y por supuesto más que el comunicativo y documental. El arte, y la técnica en general, han adquirido una naturaleza irresponsable y desaprensiva. El capitalismo es un mercado consumidor económicamente poderoso y manipulado por intereses comerciales que necesita renovar la oferta (ahí su debilidad), inventando modas transitorias que desnaturalizan la creación estética y su función social. 

La moda actual del arte es la moda del arte-mercancía, cuyo auge social responde a necesidades de tipo económico impuestas por la sociedad de consumo y que nada tiene que ver con las necesidades sociales a que el arte está destinado. De aquí deriva la ausencia de contenidos sociales y a terminar con esta realidad no están contribuyendo mucho que digamos las instituciones y agentes implicados en el arte, me refiero al papel que están jugando museos, centros de arte y galerías, empreñados en una carrera de fondo por mostrar, sin interés alguno por de-mostrar.

Tampoco podemos olvidar la gran carga que lleva el arte des-socializado de servir de evasión. El tema de la huida de la realidad aparece constantemente en la literatura, en el cine y en el arte. Es el tema del abandono de una sociedad que se considera catastrófica, para alcanzar un supuesto estado de ser puro o desnudo, al margen de toda colectividad. 
Lo que más daño hace a los problemas de la deshumanización de las artes es la aparición de una industria de las diversiones, con inmensas masas de consumidores del “arte”. Es un arte para las masas, pero al ignorar precisamente a éstas retoma peligrosamente un cierto despotismo ilustrado y abre de par en par las puertas a todos los residuos producidos por las industrias de la diversión. La cultura no debe ser creada por y para una élite iluminada y superior, en la que el pueblo sólo participa como receptor, o no participa en absoluto. La cultura debe ser un hecho colectivo, inmerso en la vida cotidiana y que se expresa en estilos de vida, modos de pensar y actuar, y siempre con los fines antes dichos en la optimización del hombre y la sociedad. Cuando el artista descubre realidades nuevas, no lo hace sólo para él, lo hace también para los demás, para todos los que quieren saber en qué mundo viven.
Desde el punto de vista de las necesidades sociales el arte está llamado a perfilar y definir un estado de verdadero bienestar colectivo, más aun: está llamado a perfilar y definir “un bien ser comunal”, colectivo, “en cuanto principio y fundamento del bien estar”, como dice Julio Paleteiro. Es cierto que la contemplación del arte constituye un deleite y que el disfrute de ese deleite, en cuanto goce estético del espíritu, ha estado durante siglos en poder de un estamento. En sus orígenes, en los tiempos en que se practicaba en su verdadera esencia no era así. Su auténtica vocación debe ser tan universal y común a todo hombre como el derecho a la luz, al aire y al pan. 

El arte, por su propia esencia tiene forzosamente que tener un contenido social, una misión. Si el arte solo fuera una recreación para la vista no tendría sentido alguno el esfuerzo por teorizar, la energía del artista por crear formas plenas de contenido, por establecer referencias y proyectar puentes a lo largo de la historia. El arte tiene una capacidad ilimitada para crear narraciones y unidades de sentido, según sea la naturaleza del arte, y con éstas contar historias y transmitir valores.
Al hilo de esto John Hospers considera que “no está hecho el arte para ser adorno de paredes o de mesas, sino para ser objeto de contemplación, de reflexión, de estudio…”.
El arte o tiene una función social o no puede ser arte, será otras cosas, cosas tal vez estéticamente bellas, pero no obras de arte en el más profundo sentido social de este fenómeno. De ahí que el artista, tenga una función social y una responsabilidad en la sociedad, de la que no se puede zafar en ningún momento.
Vasily Kandinsky es, tal vez, más profundo que Hospers cuando asevera que “la verdadera obra de arte nace misteriosamente del artista por vía mística” y aún más fuerte al asegurar que “el arte es un lenguaje que habla al alma de cosas que son para ella el pan cotidiano, que solo puede percibir de esta forma”. A esto me refería antes, cuando hablaba de unidades de sentido inmediato; frente a la naturaleza más discursiva y eminentemente referencial, propia del “logos” científico.
En resumen, la función del arte en la sociedad es servir de guía y de espejo en donde la sociedad misma se pueda mirar y aprender, y encaminarse a sus fines, respetando sus primeros principios. Su función es servir de narrador de la contemporaneidad. Debe y puede constituirse en un arma de lucha no violenta, nacional y social, contra las jerarquías que indisponen a la sociedad y la desgarran. 
Los creadores con conciencia de la frustración social y humana tienen la responsabilidad y la obligación de insertarse en forma activa y militante en la lucha concreta y cotidiana de las masas, creando en función de las urgencias de esa lucha. Pero sobre todo propiciando nuevas articulaciones lingüísticas y contenidos para el arte. Por supuesto, esto conlleva una cierta violencia; aunque en dicho caso se trate, no de violencia física, sino artística, cultural.

El arte es una elaboración colectiva, y la creatividad del autor consiste en su capacidad de captarla y expresarla sintéticamente. Y hoy más que nunca dicha capacidad debe consistir en recuperarla para la sociedad. Por que sobre todo, por citar nuevamente a Julio Paleteiro, el verdadero artista revolucionario deberá mostrar la naturaleza comunal de su pensamiento y su lenguaje al tratar incluso de las más nimias anécdotas.

Fragmento del libro de Wilhem Reich, “Escucha pequeño hombrecito”

|
… (…) Te llaman "pequeño hombrecito", "hombre común" y por lo que dicen, comenzó tu era, la "Era del hombre común". Pero no eres tú quien lo dice, pequeño hombrecito, son ellos: los vicepresidentes de las grandes naciones, los importantes dirigentes del proletariado, los arrepentidos hijos de la burguesía, los hombres de Estado y los filósofos. Te dan un futuro, pero no te preguntan por el pasado. Tú eres heredero de un terrible pasado, tu herencia te quema las manos, esto es lo que tengo para decirte. La verdad es que todos: el médico, el zapatero, el mecánico o el educador que quieren trabajar y ganar su pan, deben conocer sus limitaciones. Hace algunas décadas, tú, pequeño hombrecito, comenzaste a penetrar en el gobierno de la Tierra; el futuro de la raza humana depende, a partir de ahora, de la manera como pienses y actúes. Pero ni tus maestros ni tus señores te dicen cómo eres y piensas realmente, nadie osa dirigirte la única crítica que te podría convertir en el inquebrantable señor de tu destino. Apenas eres "libre" en un sentido: libre de la autocrítica que te permitiría conducir tu vida como tú quisieras. Nunca te escuché quejarte y decir: "ustedes me promueven a ser futuro señor de mí mismo y de mi mundo, pero no me dicen cómo hacerlo y no me señalan errores en lo que pienso y hago". Dejas que los hombres en el poder lo asuman en tu nombre, pero tú permaneces callado. Confieres a los hombres que detentan el poder, todavía más poder para que te representen, hombres débiles o mal intencionados. Y sólo demasiado tarde reconoces que te engañaron una vez más. Te entiendo, incontables veces te vi desnudo, psíquica y físicamente desnudo, sin máscara, sin etiqueta política, sin orgullo nacional, desnudo como un recién nacido o un general en calzones. Oí entonces tus llantos y lamentaciones; te escuché apelar, esperanzado, tus amores y desdichas. Te conozco, te entiendo y voy a decirte quién eres, pequeño hombrecito, porque creo en la grandeza de tu futuro, que sin duda te pertenecerá; por eso mismo, antes que nada, mírate a ti mismo. Va cómo eres realmente, escucha lo que ninguno de tus jefes o representantes se atreve a decirte: Eres el "hombre medio", el "hombre común". Fíjate bien en el significado de estas palabras: "medio" y "común"... No huyas, ¡ten ánimo y contémplale! "¿Qué derecho tiene este tipo para decirme eso?". Leo esta pregunta en tus amedrentados ojos, la oigo con su impertinencia, pequeño hombrecito; tienes miedo de mirar hacia ti mismo, tienes miedo de la crítica, tal como tienes miedo del poder que te prometen. ¿Qué uso darías a tu poder? No lo sabes. Ni siquiera te atreves a pensar que podrías ser diferente, libre en lugar de oprimido, directo en lugar de cauteloso, amando a plena luz y nunca más como un ladrón en la noche. Te desprecias a ti mismo, pequeño hombrecito, y dices: "¿quién soy yo para tener opinión propia, para decidir mi propia vida y tener al mundo por mío?" Y tienes razón: ¿quién eres tú para reclamar derechos sobre tu vida? Déjame decírtelo: Difieres del gran hombre que verdaderamente lo es apenas en un punto: todo gran hombre fue, en otro momento, un pequeño hombrecito, pero él desarrolló una cualidad importante: la de reconocer las áreas en que había limitaciones y estrechez en su modo de pensar y actuar. A través de alguna tarea que le apasionase, aprendió a sentir cada vez mejor aquello que en su pequeñez y mediocridad amenazaba su felicidad. El gran hombre es, pues, aquel que reconoce cuándo y en qué es pequeño. El pequeño hombrecito es aquel que no reconoce su pequeñez y teme reconocerla; que trata de enmascarar su tacañez y estrechez de visión con ilusiones de fuerza y grandeza, fuerza y grandeza ajenas. Que se enorgullece de sus grandes generales, pero no de sí mismo; que admira las ideas que no tuvo, pero nunca las que tuvo realmente. (…)…



Fragmento del libro de Wilhem Reich, “Escucha pequeño hombrecito”
De Ediciones Peña Hermanos
ISBN: 9686810153

Boletín de Psicoterapia Integrativa Transpersonal - Guillermo Borja -

|
Desde la era del fuego
en el inicio de la humanidad,
sólo hubo una preocupación
en la raza humana:
Darse cuenta.

En la transición de su existencia
cada uno de nosotros
es Gilgamesh-Enkidur,
necesarias ambas fuerzas
para el proceso de transformación.

El malestar nace de la confusión,
la confusión del engaño,
el engaño del resentimiento,
el resentimiento del desamor.

Lejos de aceptar que la soledad es un remanso
para un alma cautiva,
olvidamos que la no identificaciòn
es la liberación de nuestro ser;
negando nuestra necesidad original
nos fijamos en la carencia,
así perpetuamos nuestra dependencia
en la distracción cotidiana;
olvidamos el principio de la eternidad;
Vivir el presente.

Obsesionados en hacer nuestra inseguridad
nos condenamos a la esperanza;
la fantasía nos evidencia ante nuestra mediocridad.

Nadie es de nadie,
nada es de nadie,
ni uno mismo.

Vivir no requiere de justificación;
al Ser distante de juicios y prejuicios,
se transforma en la verdad.

A través de la transparencia
focalizamos la autenticidad

Hay que morir con los cinco sentidos alertas,
con una mente sin juicios y una cálida emoción
donde la acción es una cadencia
que invita a la contemplación,
donde nos reconozcamos intensamente pequeños

La realeza no da cabida a la comparación,
el vacío nutre el yo
acompañándolo por los caminos del proceso.

La dificultad no está en despertar
sino en mantenerse alerta.
Cada caida es un recuerdo de la distracción,
cada error un olvido de sí mismo.

La tolerancia, el único bálsamo para la caida.

Sólo somos testigos, vigías de un océano que
se perpetúa en su oleaje,
La seguridad es tan sólo navegar
olvidando el arribo a un puerto seguro,
asumiendo lo impredecible de la vida.

El marinero se fortalece en mantener su nave a salvo
muy lejano de pretender llegar a aguas calmas
se fortalece en el centro del huracán,
el naufragar nos acerca a la esencia.

Todo está en su lugar,
cada uno tiene lo que le corresponde,
a nadie le falta nada.

El misterio de la vida
es dejar un punto aberrante
que siempre nos ha desorientado.

El ocaso de un sol
invitará la plenitud de una noche
para que, a su vez,
el círculo se complete con el amamnecer.
Todo es circular,
donde se comienza se termina,
donde se termina se continúa.

La rueda de la fortuna es la vida,
la intensidad demerita lo sutil,
la ternura reposa en la quietud;
sólo en el silencio nos manifestamos
y permitimos la presencia de los demás
La comunicación es la permisibilidad
de dos monólogos sin interrupción

No hay que asirnos a nada
porque todo es nuestro;
la metamorfosis se logra sin minimizar
ningún estado anterior;
cada parte es necesaria para completar el todo;
la incongruencia y lo injusto
amamantan la aceptación.

Cada uno de nosotros es una epopeya,
el guerrero se inviste
manifestando su desnudez,
Es hora de partir a la guerra santa.


Guillermo Borja
Boletín de Psicoterapia Integrativa Transpersonal
Primavera de 1.995

Zeitgeist Moving Forward (documental)

|


Zeitgeist significa el Espíritu o Conciencia de la Época", es decir, la cultura.


SINOPSIS

 Zeitgeist: Moving Forward, del director Peter Joseph, es un largometraje documental que presenta el caso de una necesaria transición fuera del paradigma socioeconómico actual, el cual gobierna nuestra sociedad entera. Este tema trasciende las cuestiones del relativismo cultural y de la ideología tradicional, centrándose en el núcleo del conflicto, en los atributos empíricos de la "vida en la tierra" y la supervivencia social, extrapolando estas leyes naturales inmutables hacia una nuevo paradigma de sociedad sostenible llamado "Economía Basada en Recursos". Esta película presenta expertos en los campos de la salud pública, antropología, neurobiología, economía, energía, tecnología, ciencias sociales y otros campos relevantes que se vinculan a la operación social y a la cultura. Los tres temas centrales de la obra son el Comportamiento Humano, Economía Monetaria y Ciencia Aplicada. En conjunto esta pieza crea un modelo de entendimiento hacia el paradigma social actual, por qué es imprescindible salir de él, junto con un nuevo, radical y aun así práctico enfoque social basado en los conocimiento de vanguardia, los cuales resolverán los problemas sociales que el mundo enfrenta hoy en día. Un atributo único de este trabajo, que lo distingue en estilo de la mayoría de documentales, es que paralelamente presenta un gran trabajo dramatúrgico y cinematográfico, con notables actores que, de manera abstracta interpretan diversos temas relacionados con el mensaje esencial de la película. La obra también emplea numerosas animaciones y abstractos visuales en 2D y 3D, sin dejar de lado la orientación tradicional de un documental.

 Fuente http://www.zeitgeistargentina.com/

 Este largo es Altamente Recomendable. Espero que les guste, opinen libremente y con respeto. Saludos.

La Censura: carcelera del arte por Jorge Jaurena

|

Una simpática señora a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, pero que me envía casi a diario correos electrónicos algunos de ellos muy interesantes y simpáticos, me ha remitido hoy uno que me provocó estupor, tal vez porque hay malos hábitos que, como la aftosa, se erradican -o casi- con frecuencia, pero apenas uno se descuida, vuelven. En dicho correo electrónico se pretende juntar firmas para pedir la censura de una película por filmarse (además) en los Estados Unidos de Norteamérica. Este proyecto de película sobre Jesucristo -cuya versión teatral ya se ha estrenado en EE.UU- mostraría, a criterio de quienes solicitan e -interpreto yo- también de quienes prestan su nombre al petitorio, al Hijo de Dios en imágenes y situaciones ofensivas -entre otras cosas- a la "moral cristiana". Personalmente creo en la Moral (no en la moralina) a secas y con mayúsculas, entendida como conjunto de valores (no de "mis" valores) que rigen el comportamiento de los seres humanos. Y creo en la Ética, en tanto masa crítica respecto de ese conjunto de valores morales. La Moral y la Ética puestas en acto, solo admiten -en mi opinión- un ámbito: la Libertad. La creación en general -y la artística en particular- tiene como presupuesto indispensable a la Libertad para prosperar. La censura, termina pariendo -irremediablemente- una hija unigénita: la autocensura, que mas temprano que tarde va minando la potencia creativa y frecuentemente expulsa a los artistas hacia geografías más propicias. Esto último representa siempre una pérdida: para la sociedad en la que impera la censura, porque se ve privada del aporte del artista que expulsa; para el artista, porque debe continuar creando desterrado de sus raíces socio-culturales en las que se ha formado; para la sociedad que llamaré anfitriona, porque el producto que recibe es -frecuentemente y en cierta medida- un híbrido nostálgico. Pero es el arte mismo quien se ve más perjudicado, porque la transgresión es el motor de la evolución en el arte y la censura acaba -o lo pretende- con la transgresión. Hablo de la transgresión en cualquiera de sus formas, matices y alcances, pero fundamentalmente en lo que implica de "desobediencia" a los cánones establecidos y aceptados. Suponer que la sociedad carece de criterios para decidir qué es arte y qué no lo es, o qué manifestaciones o productos del arte pueden ser exhibidos o no, es subestimar al prójimo y colocarse en la posición del "iluminado" que ha recibido la llama de "la Verdad". La Libertad es a la creación humana lo que el líquido amniótico es al feto: la envuelve, la protege, la alimenta, le proporciona calor. Sin Libertad, las manifestaciones del arte que logran subsistir, lo hacen como manifestaciones de resistencia política y eso -lo del arte como manifestación o testimonio político- es un tema sobre el que se pueden escribir -y creo que se han escrito- bibliotecas enteras de contenido muy considerable. Opina un crítico de arte del New York Times -cuyo nombre no recuerdo en este momento- en una entrevista periodística a Marcel Duchamp, que el buen gusto es el peor enemigo del arte, y que representa la repetición -indefinida, agregaría yo- de lo que la sociedad ha aceptado. Esto último presupone una actitud de comodidad y abulia que se contrapone -en mi opinión- con la actitud del verdadero creador. Me interesaría mucho que ustedes dejaran un comentario al pie de este trabajo, en el que además de expresar libremente su opinión, nos dieran su definición de "buen gusto" y de "obra de arte". Seguramente, obtendremos conceptos muy interesantes para pensar y compartir. El arte, en tanto producto de la cultura, debe ser revulsivo. Debe provocar en el individuo emociones, reacciones y disparar ideas: positivas o negativas respecto de la obra en si. Si lo consigue o no, definirá en qué medida lo que se muestra merece ser considerado una obra de arte. Reducir el arte a una función meramente estética, es vaciarlo de gran parte de su significado. Muchos de los creadores que hoy consideramos iconos del arte universal en todas sus manifestaciones, no fueron aceptados por la sociedad de su época y sufrieron por ello. Frecuentemente -por no decir siempre-, el verdadero genio se adelanta a su época. El creador genuino no adorna el mundo, "hace" mundo. Claro que en medio de todo esto, mucho de lo que se produce es desechado. Por una selección natural, producto del talento del público, lo mediocre no perdura en el tiempo. Naturalmente, exceptúo de esta última idea al arte efímero, en razón de las características que le son propias. Se me dirá que hay personas que tienen derecho a sentirse agraviadas cuando el arte toma como materia prima algo que consideran sagrado. Es ahí donde cada uno puede ejercer el supremo acto de Libertad de no compartir la exhibición; incluso utilizar su Libertad de expresión para hacer saber al resto de la sociedad su opinión y las razones que la sustentan. Hacer su "contra propaganda". Pero atentar contra la Libertad para imponer un punto de vista o impedir la libre expresión, es como apagar un fósforo con el Río de la Plata.

Jorge Jaurena Marzo 2007

Go Easy

|

GO EASY from Nico Casavecchia on Vimeo.

Un reflejo del alma

|
Estoy enredado entre la estupidez y el temido camino. Sigo extrañando parte de "un dolor querido y buscado", no quiero salir de eso, mi cabeza sigue viendo posibilidades en algo que no tiene ni quiere funcionar. Me estoy volviendo tan estúpido que desaprovecho otras posibilidades, siempre arriesgando algo por otros, y esos otros son los que me terminan fallando. Es tan lindo creer en las personas pero es tan duro cuando te fallan, te fallan con facilidad, como si nada pasara, como sino importara, como si uno autorregulara sus sentimientos o simplemente dejaran de existir. Hoy es blanco, tal vez mañana sea negro y a quien le importa?.
En este sistema el que quiere, el que expresa, el bondadoso, el espiritual, sencillo, liberal (...) esta dispuesto a sufrir... por que? A caso porque no se quiere auto engañar?, por que prefiere vivir en la realidad?, no quiere cambiar, no se quiere volver superficial. Es fácil parar acá, pero para algunos es mejor ir mas allá.


Un reflejo del alma.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La Función social del arte por J.R.Barbancho


A principios del S. XXI (como continuación de los principios del siglo XX y sus vanguardias) el arte se ha convertido para muchos en un fraude, en algo elitista, pocos lo entienden, y para algunos ni siquiera existe; quizá estemos asistiendo a la desaparición del arte (al cumplimiento de la predicción hegeliana de su muerte). Si esto fuera así no sería causado por la falta de experimentación y de investigación en el plano estético, ni por la falta de necesidad que los hombres y los pueblos tengan de éste, sino por la falta de compromiso político (entendido este en sentido amplio) y por el abandono de los vínculos con el sentido, o los sentidos, más profundos que toda sociedad tiene.

El arte es una forma de expresión que cambia con el tiempo y con la historia a la que pertenece y representa, cambia la forma de expresión, pero no el interés por articular discursos sobre asuntos comunes y universales. Para Ernst Fischer, cuyo libro sobre el tema se titula precisamente “La necesidad del arte”, éste jamás desaparecerá ni perderá su relación con la humanidad. El hombre, para rebasar los límites que le impone su individualidad, para convertir a ésta en social, tiene que apropiarse de otras experiencias, y el arte resulta, en este sentido, totalmente indispensable. El arte es un poderoso llamamiento a la acción, en tanto que ilustra diversas y potenciales formas para cambiar el mundo. Creo que, además, es un poderoso vínculo entre el individuo y la sociedad, especialmente en la medida que dicho arte consiga el consenso.
Es cierto que el arte cambia de función al cambiar la sociedad, o tal vez más que de función de objetivo. Todo arte está condicionado por el tiempo y representa la humanidad en la medida en que corresponde a las ideas y aspiraciones, a las necesidades y esperanzas de una situación histórica particular.

En sus orígenes estuvo ligado a la magia, como forma de vincular a los individuos de la tribu, al tiempo que ésta se vinculaba con el cosmos. Los primeros artistas eran los chamanes. Hoy por hoy su función no consiste en hacer magia sino en ilustrar y estimular la acción. En los principios de la humanidad el arte tenía muy poco que ver con la belleza y nada en absoluto con el deseo estético, era un instrumento mágico y un arma del colectivo en la lucha por la supervivencia: una forma de vinculación emocional, rebosante de sentido social y cósmico. Ahí radicaba su importancia y su naturaleza conmovedora para toda la colectividad. La necesidad de creación de un mundo superpuesto a la misma naturaleza, pero en conformidad con ella, es el origen de la necesidad humana de expresarse artísticamente.
En el presente, para poder dar una valoración al arte actual, tenemos que ser conscientes del mundo en el que vivimos. Un mundo en crisis en distintos planos, sin valores estables, es decir: un mundo en el que la realidad, pese al incremento tecnológico, se des-optimiza socialmente cada vez más. 

El capitalismo ha mercantilizado la obra de arte, ha aislado al arte y al artista de la comunidad, y ha impedido el cumplimiento de su función social, esto es: el cumplimiento de la optimización humana y social de ésta, como su valor más grande y genuino. El arte se ha convertido en una actividad separada de la vida pública; su desaparición implica la desaparición de las causas que determinaron su necesidad para el hombre (el vínculo entre ellos y el vínculo con el cosmos), y puede significar la incautación humana de la Naturaleza. Desde finales de la Prehistoria y comienzo de la Historia la cultura hegemónica fue siempre la cultura de las clases dominantes, que se han ido apropiando de la creación colectiva (imponiéndole su particular concepción del hombre y del mundo), aplastando todo lo que cuestionara su dominio de clase, dándole un carácter alienante. 

Pero el arte tiene que ser un estilo de vida y acción y hay que negarlo como una actividad específica, especializada, exterior al hombre y a su vida cotidiana. El capitalismo ha hecho que el arte pierda el carácter público que tenía en otras épocas, y le ha transformado en mercancía de consumo individual, donde el valor del cambio es más importante que su valor estético y por supuesto más que el comunicativo y documental. El arte, y la técnica en general, han adquirido una naturaleza irresponsable y desaprensiva. El capitalismo es un mercado consumidor económicamente poderoso y manipulado por intereses comerciales que necesita renovar la oferta (ahí su debilidad), inventando modas transitorias que desnaturalizan la creación estética y su función social. 

La moda actual del arte es la moda del arte-mercancía, cuyo auge social responde a necesidades de tipo económico impuestas por la sociedad de consumo y que nada tiene que ver con las necesidades sociales a que el arte está destinado. De aquí deriva la ausencia de contenidos sociales y a terminar con esta realidad no están contribuyendo mucho que digamos las instituciones y agentes implicados en el arte, me refiero al papel que están jugando museos, centros de arte y galerías, empreñados en una carrera de fondo por mostrar, sin interés alguno por de-mostrar.

Tampoco podemos olvidar la gran carga que lleva el arte des-socializado de servir de evasión. El tema de la huida de la realidad aparece constantemente en la literatura, en el cine y en el arte. Es el tema del abandono de una sociedad que se considera catastrófica, para alcanzar un supuesto estado de ser puro o desnudo, al margen de toda colectividad. 
Lo que más daño hace a los problemas de la deshumanización de las artes es la aparición de una industria de las diversiones, con inmensas masas de consumidores del “arte”. Es un arte para las masas, pero al ignorar precisamente a éstas retoma peligrosamente un cierto despotismo ilustrado y abre de par en par las puertas a todos los residuos producidos por las industrias de la diversión. La cultura no debe ser creada por y para una élite iluminada y superior, en la que el pueblo sólo participa como receptor, o no participa en absoluto. La cultura debe ser un hecho colectivo, inmerso en la vida cotidiana y que se expresa en estilos de vida, modos de pensar y actuar, y siempre con los fines antes dichos en la optimización del hombre y la sociedad. Cuando el artista descubre realidades nuevas, no lo hace sólo para él, lo hace también para los demás, para todos los que quieren saber en qué mundo viven.
Desde el punto de vista de las necesidades sociales el arte está llamado a perfilar y definir un estado de verdadero bienestar colectivo, más aun: está llamado a perfilar y definir “un bien ser comunal”, colectivo, “en cuanto principio y fundamento del bien estar”, como dice Julio Paleteiro. Es cierto que la contemplación del arte constituye un deleite y que el disfrute de ese deleite, en cuanto goce estético del espíritu, ha estado durante siglos en poder de un estamento. En sus orígenes, en los tiempos en que se practicaba en su verdadera esencia no era así. Su auténtica vocación debe ser tan universal y común a todo hombre como el derecho a la luz, al aire y al pan. 

El arte, por su propia esencia tiene forzosamente que tener un contenido social, una misión. Si el arte solo fuera una recreación para la vista no tendría sentido alguno el esfuerzo por teorizar, la energía del artista por crear formas plenas de contenido, por establecer referencias y proyectar puentes a lo largo de la historia. El arte tiene una capacidad ilimitada para crear narraciones y unidades de sentido, según sea la naturaleza del arte, y con éstas contar historias y transmitir valores.
Al hilo de esto John Hospers considera que “no está hecho el arte para ser adorno de paredes o de mesas, sino para ser objeto de contemplación, de reflexión, de estudio…”.
El arte o tiene una función social o no puede ser arte, será otras cosas, cosas tal vez estéticamente bellas, pero no obras de arte en el más profundo sentido social de este fenómeno. De ahí que el artista, tenga una función social y una responsabilidad en la sociedad, de la que no se puede zafar en ningún momento.
Vasily Kandinsky es, tal vez, más profundo que Hospers cuando asevera que “la verdadera obra de arte nace misteriosamente del artista por vía mística” y aún más fuerte al asegurar que “el arte es un lenguaje que habla al alma de cosas que son para ella el pan cotidiano, que solo puede percibir de esta forma”. A esto me refería antes, cuando hablaba de unidades de sentido inmediato; frente a la naturaleza más discursiva y eminentemente referencial, propia del “logos” científico.
En resumen, la función del arte en la sociedad es servir de guía y de espejo en donde la sociedad misma se pueda mirar y aprender, y encaminarse a sus fines, respetando sus primeros principios. Su función es servir de narrador de la contemporaneidad. Debe y puede constituirse en un arma de lucha no violenta, nacional y social, contra las jerarquías que indisponen a la sociedad y la desgarran. 
Los creadores con conciencia de la frustración social y humana tienen la responsabilidad y la obligación de insertarse en forma activa y militante en la lucha concreta y cotidiana de las masas, creando en función de las urgencias de esa lucha. Pero sobre todo propiciando nuevas articulaciones lingüísticas y contenidos para el arte. Por supuesto, esto conlleva una cierta violencia; aunque en dicho caso se trate, no de violencia física, sino artística, cultural.

El arte es una elaboración colectiva, y la creatividad del autor consiste en su capacidad de captarla y expresarla sintéticamente. Y hoy más que nunca dicha capacidad debe consistir en recuperarla para la sociedad. Por que sobre todo, por citar nuevamente a Julio Paleteiro, el verdadero artista revolucionario deberá mostrar la naturaleza comunal de su pensamiento y su lenguaje al tratar incluso de las más nimias anécdotas.

Fragmento del libro de Wilhem Reich, “Escucha pequeño hombrecito”

… (…) Te llaman "pequeño hombrecito", "hombre común" y por lo que dicen, comenzó tu era, la "Era del hombre común". Pero no eres tú quien lo dice, pequeño hombrecito, son ellos: los vicepresidentes de las grandes naciones, los importantes dirigentes del proletariado, los arrepentidos hijos de la burguesía, los hombres de Estado y los filósofos. Te dan un futuro, pero no te preguntan por el pasado. Tú eres heredero de un terrible pasado, tu herencia te quema las manos, esto es lo que tengo para decirte. La verdad es que todos: el médico, el zapatero, el mecánico o el educador que quieren trabajar y ganar su pan, deben conocer sus limitaciones. Hace algunas décadas, tú, pequeño hombrecito, comenzaste a penetrar en el gobierno de la Tierra; el futuro de la raza humana depende, a partir de ahora, de la manera como pienses y actúes. Pero ni tus maestros ni tus señores te dicen cómo eres y piensas realmente, nadie osa dirigirte la única crítica que te podría convertir en el inquebrantable señor de tu destino. Apenas eres "libre" en un sentido: libre de la autocrítica que te permitiría conducir tu vida como tú quisieras. Nunca te escuché quejarte y decir: "ustedes me promueven a ser futuro señor de mí mismo y de mi mundo, pero no me dicen cómo hacerlo y no me señalan errores en lo que pienso y hago". Dejas que los hombres en el poder lo asuman en tu nombre, pero tú permaneces callado. Confieres a los hombres que detentan el poder, todavía más poder para que te representen, hombres débiles o mal intencionados. Y sólo demasiado tarde reconoces que te engañaron una vez más. Te entiendo, incontables veces te vi desnudo, psíquica y físicamente desnudo, sin máscara, sin etiqueta política, sin orgullo nacional, desnudo como un recién nacido o un general en calzones. Oí entonces tus llantos y lamentaciones; te escuché apelar, esperanzado, tus amores y desdichas. Te conozco, te entiendo y voy a decirte quién eres, pequeño hombrecito, porque creo en la grandeza de tu futuro, que sin duda te pertenecerá; por eso mismo, antes que nada, mírate a ti mismo. Va cómo eres realmente, escucha lo que ninguno de tus jefes o representantes se atreve a decirte: Eres el "hombre medio", el "hombre común". Fíjate bien en el significado de estas palabras: "medio" y "común"... No huyas, ¡ten ánimo y contémplale! "¿Qué derecho tiene este tipo para decirme eso?". Leo esta pregunta en tus amedrentados ojos, la oigo con su impertinencia, pequeño hombrecito; tienes miedo de mirar hacia ti mismo, tienes miedo de la crítica, tal como tienes miedo del poder que te prometen. ¿Qué uso darías a tu poder? No lo sabes. Ni siquiera te atreves a pensar que podrías ser diferente, libre en lugar de oprimido, directo en lugar de cauteloso, amando a plena luz y nunca más como un ladrón en la noche. Te desprecias a ti mismo, pequeño hombrecito, y dices: "¿quién soy yo para tener opinión propia, para decidir mi propia vida y tener al mundo por mío?" Y tienes razón: ¿quién eres tú para reclamar derechos sobre tu vida? Déjame decírtelo: Difieres del gran hombre que verdaderamente lo es apenas en un punto: todo gran hombre fue, en otro momento, un pequeño hombrecito, pero él desarrolló una cualidad importante: la de reconocer las áreas en que había limitaciones y estrechez en su modo de pensar y actuar. A través de alguna tarea que le apasionase, aprendió a sentir cada vez mejor aquello que en su pequeñez y mediocridad amenazaba su felicidad. El gran hombre es, pues, aquel que reconoce cuándo y en qué es pequeño. El pequeño hombrecito es aquel que no reconoce su pequeñez y teme reconocerla; que trata de enmascarar su tacañez y estrechez de visión con ilusiones de fuerza y grandeza, fuerza y grandeza ajenas. Que se enorgullece de sus grandes generales, pero no de sí mismo; que admira las ideas que no tuvo, pero nunca las que tuvo realmente. (…)…



Fragmento del libro de Wilhem Reich, “Escucha pequeño hombrecito”
De Ediciones Peña Hermanos
ISBN: 9686810153

Boletín de Psicoterapia Integrativa Transpersonal - Guillermo Borja -

Desde la era del fuego
en el inicio de la humanidad,
sólo hubo una preocupación
en la raza humana:
Darse cuenta.

En la transición de su existencia
cada uno de nosotros
es Gilgamesh-Enkidur,
necesarias ambas fuerzas
para el proceso de transformación.

El malestar nace de la confusión,
la confusión del engaño,
el engaño del resentimiento,
el resentimiento del desamor.

Lejos de aceptar que la soledad es un remanso
para un alma cautiva,
olvidamos que la no identificaciòn
es la liberación de nuestro ser;
negando nuestra necesidad original
nos fijamos en la carencia,
así perpetuamos nuestra dependencia
en la distracción cotidiana;
olvidamos el principio de la eternidad;
Vivir el presente.

Obsesionados en hacer nuestra inseguridad
nos condenamos a la esperanza;
la fantasía nos evidencia ante nuestra mediocridad.

Nadie es de nadie,
nada es de nadie,
ni uno mismo.

Vivir no requiere de justificación;
al Ser distante de juicios y prejuicios,
se transforma en la verdad.

A través de la transparencia
focalizamos la autenticidad

Hay que morir con los cinco sentidos alertas,
con una mente sin juicios y una cálida emoción
donde la acción es una cadencia
que invita a la contemplación,
donde nos reconozcamos intensamente pequeños

La realeza no da cabida a la comparación,
el vacío nutre el yo
acompañándolo por los caminos del proceso.

La dificultad no está en despertar
sino en mantenerse alerta.
Cada caida es un recuerdo de la distracción,
cada error un olvido de sí mismo.

La tolerancia, el único bálsamo para la caida.

Sólo somos testigos, vigías de un océano que
se perpetúa en su oleaje,
La seguridad es tan sólo navegar
olvidando el arribo a un puerto seguro,
asumiendo lo impredecible de la vida.

El marinero se fortalece en mantener su nave a salvo
muy lejano de pretender llegar a aguas calmas
se fortalece en el centro del huracán,
el naufragar nos acerca a la esencia.

Todo está en su lugar,
cada uno tiene lo que le corresponde,
a nadie le falta nada.

El misterio de la vida
es dejar un punto aberrante
que siempre nos ha desorientado.

El ocaso de un sol
invitará la plenitud de una noche
para que, a su vez,
el círculo se complete con el amamnecer.
Todo es circular,
donde se comienza se termina,
donde se termina se continúa.

La rueda de la fortuna es la vida,
la intensidad demerita lo sutil,
la ternura reposa en la quietud;
sólo en el silencio nos manifestamos
y permitimos la presencia de los demás
La comunicación es la permisibilidad
de dos monólogos sin interrupción

No hay que asirnos a nada
porque todo es nuestro;
la metamorfosis se logra sin minimizar
ningún estado anterior;
cada parte es necesaria para completar el todo;
la incongruencia y lo injusto
amamantan la aceptación.

Cada uno de nosotros es una epopeya,
el guerrero se inviste
manifestando su desnudez,
Es hora de partir a la guerra santa.


Guillermo Borja
Boletín de Psicoterapia Integrativa Transpersonal
Primavera de 1.995

Zeitgeist Moving Forward (documental)



Zeitgeist significa el Espíritu o Conciencia de la Época", es decir, la cultura.


SINOPSIS

 Zeitgeist: Moving Forward, del director Peter Joseph, es un largometraje documental que presenta el caso de una necesaria transición fuera del paradigma socioeconómico actual, el cual gobierna nuestra sociedad entera. Este tema trasciende las cuestiones del relativismo cultural y de la ideología tradicional, centrándose en el núcleo del conflicto, en los atributos empíricos de la "vida en la tierra" y la supervivencia social, extrapolando estas leyes naturales inmutables hacia una nuevo paradigma de sociedad sostenible llamado "Economía Basada en Recursos". Esta película presenta expertos en los campos de la salud pública, antropología, neurobiología, economía, energía, tecnología, ciencias sociales y otros campos relevantes que se vinculan a la operación social y a la cultura. Los tres temas centrales de la obra son el Comportamiento Humano, Economía Monetaria y Ciencia Aplicada. En conjunto esta pieza crea un modelo de entendimiento hacia el paradigma social actual, por qué es imprescindible salir de él, junto con un nuevo, radical y aun así práctico enfoque social basado en los conocimiento de vanguardia, los cuales resolverán los problemas sociales que el mundo enfrenta hoy en día. Un atributo único de este trabajo, que lo distingue en estilo de la mayoría de documentales, es que paralelamente presenta un gran trabajo dramatúrgico y cinematográfico, con notables actores que, de manera abstracta interpretan diversos temas relacionados con el mensaje esencial de la película. La obra también emplea numerosas animaciones y abstractos visuales en 2D y 3D, sin dejar de lado la orientación tradicional de un documental.

 Fuente http://www.zeitgeistargentina.com/

 Este largo es Altamente Recomendable. Espero que les guste, opinen libremente y con respeto. Saludos.

miércoles, 24 de agosto de 2011

La Censura: carcelera del arte por Jorge Jaurena


Una simpática señora a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, pero que me envía casi a diario correos electrónicos algunos de ellos muy interesantes y simpáticos, me ha remitido hoy uno que me provocó estupor, tal vez porque hay malos hábitos que, como la aftosa, se erradican -o casi- con frecuencia, pero apenas uno se descuida, vuelven. En dicho correo electrónico se pretende juntar firmas para pedir la censura de una película por filmarse (además) en los Estados Unidos de Norteamérica. Este proyecto de película sobre Jesucristo -cuya versión teatral ya se ha estrenado en EE.UU- mostraría, a criterio de quienes solicitan e -interpreto yo- también de quienes prestan su nombre al petitorio, al Hijo de Dios en imágenes y situaciones ofensivas -entre otras cosas- a la "moral cristiana". Personalmente creo en la Moral (no en la moralina) a secas y con mayúsculas, entendida como conjunto de valores (no de "mis" valores) que rigen el comportamiento de los seres humanos. Y creo en la Ética, en tanto masa crítica respecto de ese conjunto de valores morales. La Moral y la Ética puestas en acto, solo admiten -en mi opinión- un ámbito: la Libertad. La creación en general -y la artística en particular- tiene como presupuesto indispensable a la Libertad para prosperar. La censura, termina pariendo -irremediablemente- una hija unigénita: la autocensura, que mas temprano que tarde va minando la potencia creativa y frecuentemente expulsa a los artistas hacia geografías más propicias. Esto último representa siempre una pérdida: para la sociedad en la que impera la censura, porque se ve privada del aporte del artista que expulsa; para el artista, porque debe continuar creando desterrado de sus raíces socio-culturales en las que se ha formado; para la sociedad que llamaré anfitriona, porque el producto que recibe es -frecuentemente y en cierta medida- un híbrido nostálgico. Pero es el arte mismo quien se ve más perjudicado, porque la transgresión es el motor de la evolución en el arte y la censura acaba -o lo pretende- con la transgresión. Hablo de la transgresión en cualquiera de sus formas, matices y alcances, pero fundamentalmente en lo que implica de "desobediencia" a los cánones establecidos y aceptados. Suponer que la sociedad carece de criterios para decidir qué es arte y qué no lo es, o qué manifestaciones o productos del arte pueden ser exhibidos o no, es subestimar al prójimo y colocarse en la posición del "iluminado" que ha recibido la llama de "la Verdad". La Libertad es a la creación humana lo que el líquido amniótico es al feto: la envuelve, la protege, la alimenta, le proporciona calor. Sin Libertad, las manifestaciones del arte que logran subsistir, lo hacen como manifestaciones de resistencia política y eso -lo del arte como manifestación o testimonio político- es un tema sobre el que se pueden escribir -y creo que se han escrito- bibliotecas enteras de contenido muy considerable. Opina un crítico de arte del New York Times -cuyo nombre no recuerdo en este momento- en una entrevista periodística a Marcel Duchamp, que el buen gusto es el peor enemigo del arte, y que representa la repetición -indefinida, agregaría yo- de lo que la sociedad ha aceptado. Esto último presupone una actitud de comodidad y abulia que se contrapone -en mi opinión- con la actitud del verdadero creador. Me interesaría mucho que ustedes dejaran un comentario al pie de este trabajo, en el que además de expresar libremente su opinión, nos dieran su definición de "buen gusto" y de "obra de arte". Seguramente, obtendremos conceptos muy interesantes para pensar y compartir. El arte, en tanto producto de la cultura, debe ser revulsivo. Debe provocar en el individuo emociones, reacciones y disparar ideas: positivas o negativas respecto de la obra en si. Si lo consigue o no, definirá en qué medida lo que se muestra merece ser considerado una obra de arte. Reducir el arte a una función meramente estética, es vaciarlo de gran parte de su significado. Muchos de los creadores que hoy consideramos iconos del arte universal en todas sus manifestaciones, no fueron aceptados por la sociedad de su época y sufrieron por ello. Frecuentemente -por no decir siempre-, el verdadero genio se adelanta a su época. El creador genuino no adorna el mundo, "hace" mundo. Claro que en medio de todo esto, mucho de lo que se produce es desechado. Por una selección natural, producto del talento del público, lo mediocre no perdura en el tiempo. Naturalmente, exceptúo de esta última idea al arte efímero, en razón de las características que le son propias. Se me dirá que hay personas que tienen derecho a sentirse agraviadas cuando el arte toma como materia prima algo que consideran sagrado. Es ahí donde cada uno puede ejercer el supremo acto de Libertad de no compartir la exhibición; incluso utilizar su Libertad de expresión para hacer saber al resto de la sociedad su opinión y las razones que la sustentan. Hacer su "contra propaganda". Pero atentar contra la Libertad para imponer un punto de vista o impedir la libre expresión, es como apagar un fósforo con el Río de la Plata.

Jorge Jaurena Marzo 2007

viernes, 19 de agosto de 2011

Go Easy

GO EASY from Nico Casavecchia on Vimeo.

martes, 16 de agosto de 2011

Un reflejo del alma

Estoy enredado entre la estupidez y el temido camino. Sigo extrañando parte de "un dolor querido y buscado", no quiero salir de eso, mi cabeza sigue viendo posibilidades en algo que no tiene ni quiere funcionar. Me estoy volviendo tan estúpido que desaprovecho otras posibilidades, siempre arriesgando algo por otros, y esos otros son los que me terminan fallando. Es tan lindo creer en las personas pero es tan duro cuando te fallan, te fallan con facilidad, como si nada pasara, como sino importara, como si uno autorregulara sus sentimientos o simplemente dejaran de existir. Hoy es blanco, tal vez mañana sea negro y a quien le importa?.
En este sistema el que quiere, el que expresa, el bondadoso, el espiritual, sencillo, liberal (...) esta dispuesto a sufrir... por que? A caso porque no se quiere auto engañar?, por que prefiere vivir en la realidad?, no quiere cambiar, no se quiere volver superficial. Es fácil parar acá, pero para algunos es mejor ir mas allá.


Un reflejo del alma.